También puedo divertirme
Con la locura.
Si se trata de jugar.
¿desde cuándo es nuevo
Tener saldo de loco?
Se ve en todas partes,
No lo sobre-estimes
Como Y que le grita a la nada
Con gente o sin gente.
Z que no puede estarse quieto
y se come las uñas
pero en tres vueltas del dedo gordo al anular
y después recién el meñique.
A X que le dan risa los botones.
K que busca ‘la palabra’ en cada canción
Que haya inspirado el resto de la letra.
D que nunca puede terminar ideas
Y sus charlas laberínticas
Recién cobran sentido unos meses después
(o ni eso)
Cuando se le ocurre el ‘como te decía una vez…’
Q que tiene que llegar a la esquina
Antes que cualquier auto blanco
Sino su día será porquería.
Ya ves, no es necesario
Ni jugar con la muerte
Ni desear al hermano
Ni putear como canilla abierta
Ni bailar descalzo en la Terminal
Ni palabras extravagantes
O componer una melodía caótica
La locura, esa
Espera en todos lados
Y nadie se salva
De su cloroformo por la espalda.
No es nada nuevo.
Ahora que también
Aunque cueste reconocerlo en estos tiempos
Aunque suela olvidarse en las ‘revoluciones’
Siempre
se necesita,
De vez en cuando,
Un triste
Puto
Y vacío
Abrazo normal.
(y lo de triste no va en peyorativo)
-(lo de puto es un toque de color)-
(lo de vacío depende de usted)
miércoles, 13 de agosto de 2008
sábado, 19 de julio de 2008
dia para los amigos
Pantano estrambótico
De todas esas marcas
Que ellos dejan.
Si nada cambia fuera
Al menos me llevo
Este charco de cicatrices.
Así no se muere limpio
Se muere sucio de haber jugado.
Es tan lindo ese cansancio.
Cuando nos enredamos
Sin preguntarnos nada.
De todas esas marcas
Que ellos dejan.
Si nada cambia fuera
Al menos me llevo
Este charco de cicatrices.
Así no se muere limpio
Se muere sucio de haber jugado.
Es tan lindo ese cansancio.
Cuando nos enredamos
Sin preguntarnos nada.
tonto tratado de la tristeza
Ésta no es una historia de amor, no es una historia de la verdad, ni es una historia del tiempo. Éste solo es un fragmento de lo humano, es decir, la imperfección de todo. O el perfecto retazo de uno mismo:
El triste ve un jardín de rosas y sufre.
No se las imagina morir, no las ve negras, ni las condena irremediablemente por su encanto. En cierta forma le asquean, no ya como sobras de una envidia, como retazos de odio. Le asquean como lo ajeno que se presenta sin molestias, como aquello que vive sin importarle.
Y cómo asquea aquello que no nos conmueve!.
El triste ve un jardin de rosas y sufre, no por el jardín de rosas, sino por él, que ya es incapaz de percibir algún tipo de esplendores, y encuentra cobijo sólo en aquellas cosas que lo contienen, que lo identifican, en su inerte encuentro. Su pesar no se alivia con un páramo de sueños, sino con un sinfín de repeticiones.
Si algún día han estado tristes sabrán de lo que hablo: siendo tristeza la enfermedad y su remedio, la dosis que autoenferma, necesaria para la plenitud de ese sentimiento perdido y encontrado. Esa visión menesterosa que encuentra encanto en su misma aberración. Los tristes me entienden, no es tarea fácil dejar la tristeza.
Los aires de la risa vagan como flujos que destrozan soledades. Pues no hay soledad con uno mismo, si uno mismo escapa al encierro de de los ecos que repiten el vacío.
Para el triste no hay risa, al menos aquella que logre descolocar ese sinsentido, amo creador de las potencias de la nada.
Para el triste solo queda el silencio. Y quiere estar solo. Solo de veras. Ya está cansado de escuchar las penas de si mismo.
Se asquea del otro. Se asquea de sí. Y se deja estar ya sin pensar ni hacer. Como en un reposo manso que llama al movimiento y no lo acepta.
El triste ya no espera nada ni se espera. Se convierte en una pausa amorfa que no tiene fe en un comienzo, y no da fin por desgana. Soporífero congestionamiento.
Con el tiempo las cosas cambian, y este sentir puede superarse, aunque sea inevitable que el futuro lo devuelva alguna que otra vez a su sitio. Pero a no confundirse!:
No es el triste quien se aburre de la tristeza, es la tristeza quien se aburre del triste. Y así, sin aviso, se va en busca de mejor consuelo.
Él ve un jardín de rosas, y ahora sí puede arrancarlas.
El triste ve un jardín de rosas y sufre.
No se las imagina morir, no las ve negras, ni las condena irremediablemente por su encanto. En cierta forma le asquean, no ya como sobras de una envidia, como retazos de odio. Le asquean como lo ajeno que se presenta sin molestias, como aquello que vive sin importarle.
Y cómo asquea aquello que no nos conmueve!.
El triste ve un jardin de rosas y sufre, no por el jardín de rosas, sino por él, que ya es incapaz de percibir algún tipo de esplendores, y encuentra cobijo sólo en aquellas cosas que lo contienen, que lo identifican, en su inerte encuentro. Su pesar no se alivia con un páramo de sueños, sino con un sinfín de repeticiones.
Si algún día han estado tristes sabrán de lo que hablo: siendo tristeza la enfermedad y su remedio, la dosis que autoenferma, necesaria para la plenitud de ese sentimiento perdido y encontrado. Esa visión menesterosa que encuentra encanto en su misma aberración. Los tristes me entienden, no es tarea fácil dejar la tristeza.
Los aires de la risa vagan como flujos que destrozan soledades. Pues no hay soledad con uno mismo, si uno mismo escapa al encierro de de los ecos que repiten el vacío.
Para el triste no hay risa, al menos aquella que logre descolocar ese sinsentido, amo creador de las potencias de la nada.
Para el triste solo queda el silencio. Y quiere estar solo. Solo de veras. Ya está cansado de escuchar las penas de si mismo.
Se asquea del otro. Se asquea de sí. Y se deja estar ya sin pensar ni hacer. Como en un reposo manso que llama al movimiento y no lo acepta.
El triste ya no espera nada ni se espera. Se convierte en una pausa amorfa que no tiene fe en un comienzo, y no da fin por desgana. Soporífero congestionamiento.
Con el tiempo las cosas cambian, y este sentir puede superarse, aunque sea inevitable que el futuro lo devuelva alguna que otra vez a su sitio. Pero a no confundirse!:
No es el triste quien se aburre de la tristeza, es la tristeza quien se aburre del triste. Y así, sin aviso, se va en busca de mejor consuelo.
Él ve un jardín de rosas, y ahora sí puede arrancarlas.
jueves, 17 de julio de 2008
Mas rápido
Lentamente mas aprisa
Nadie puede protegerte del tiempo
El tiempo no puede protegerte de nadie
No hay paraguas hacia éstas piedras
Ni cajones para tus manos.
¿Qué no entiendes?
No hay reliquias
La disputa está marcada y anda sola
¿Qué no oyes?
La victoria es solo un nombre y nunca alcanza.
Frágil
No serás nunca
Eso mata
Rápido
¿No hay espuma que te hiera?
Una señal no basta
Muy rápido…
Te vuelves lento
Lentamente mas aprisa
Nadie puede protegerte del tiempo
El tiempo no puede protegerte de nadie
No hay paraguas hacia éstas piedras
Ni cajones para tus manos.
¿Qué no entiendes?
No hay reliquias
La disputa está marcada y anda sola
¿Qué no oyes?
La victoria es solo un nombre y nunca alcanza.
Frágil
No serás nunca
Eso mata
Rápido
¿No hay espuma que te hiera?
Una señal no basta
Muy rápido…
Te vuelves lento
cualquier historia de dos sin nombre
El reloj, las tres, demasiada luz para una resaca. Tanteo el otro lado de la cama, no está, de seguro partió a la cocina para leer sus tontas revistas sentada sobre la mesada.
No quiero levantarme, escuchará mis pasos y vendrá a la caza, me dirá que esta aburrida, y querrá ponerse hablar de su esposo o hacerlo otra vez. Estoy demasiado cansado para cualquiera de las dos cosas.
Hace dos años ya, la misma rutina los martes y viernes. Empiezo a despreciarla, no a ella, sino a lo que intenta ser; por algún motivo cree que puede salvarme, que todos sus consejos me son útiles. Era mejor antes de inventarnos esa explícita preocupación mutua.
Incluso era favorable cuando la escuchaba hablar de libros, eso ya era bastante aburrido, pero oír las sentencias que arma sobre mi vida es excesivamente tedioso. ¿Qué pude decirme que no sepa?. Piensa que no pienso, que al alcohol me ha consumido, pero a veces bebo más para no prestarle atención.
Sin embargo me gusta escucharla cantar al fondo del pasillo, no canta bien pero a mí me gusta; esa voz aguda pero rasposa, como de nena que gritó mucho ya. No sabe que estoy despierto y por eso se anima a alzar la voz, y a completar la letra que se le escapa con palabras incoherentes. Me hace reír.
No va a durar, lo nuestro, no va a durar. Tal vez dos, tres años más. Después ella también va a hartarse, y va a querer recomponer las cosas con el marido, o buscar otro cacharro nuevo que le preste atención.
Ahí viene, se dio cuenta de que no duermo. Sí, está aburrida, ayer su esposo llegó tarde y tuvo que cenar sola una vez mas; me empieza a lamer los pies, la esquivo, me pregunta qué me pasa, que porqué no hablo, que ya no soy el mismo, que estoy perdido, que le cuente, que le interesa, que me puede dar una mano. La beso, pero sin ganas; se viste, se va, que nos vemos el jueves.
Empiezo a esperarla.
No va a durar mucho, lo nuestro, no va a durar mucho.
Pero como me gusta escucharla cantar.
No quiero levantarme, escuchará mis pasos y vendrá a la caza, me dirá que esta aburrida, y querrá ponerse hablar de su esposo o hacerlo otra vez. Estoy demasiado cansado para cualquiera de las dos cosas.
Hace dos años ya, la misma rutina los martes y viernes. Empiezo a despreciarla, no a ella, sino a lo que intenta ser; por algún motivo cree que puede salvarme, que todos sus consejos me son útiles. Era mejor antes de inventarnos esa explícita preocupación mutua.
Incluso era favorable cuando la escuchaba hablar de libros, eso ya era bastante aburrido, pero oír las sentencias que arma sobre mi vida es excesivamente tedioso. ¿Qué pude decirme que no sepa?. Piensa que no pienso, que al alcohol me ha consumido, pero a veces bebo más para no prestarle atención.
Sin embargo me gusta escucharla cantar al fondo del pasillo, no canta bien pero a mí me gusta; esa voz aguda pero rasposa, como de nena que gritó mucho ya. No sabe que estoy despierto y por eso se anima a alzar la voz, y a completar la letra que se le escapa con palabras incoherentes. Me hace reír.
No va a durar, lo nuestro, no va a durar. Tal vez dos, tres años más. Después ella también va a hartarse, y va a querer recomponer las cosas con el marido, o buscar otro cacharro nuevo que le preste atención.
Ahí viene, se dio cuenta de que no duermo. Sí, está aburrida, ayer su esposo llegó tarde y tuvo que cenar sola una vez mas; me empieza a lamer los pies, la esquivo, me pregunta qué me pasa, que porqué no hablo, que ya no soy el mismo, que estoy perdido, que le cuente, que le interesa, que me puede dar una mano. La beso, pero sin ganas; se viste, se va, que nos vemos el jueves.
Empiezo a esperarla.
No va a durar mucho, lo nuestro, no va a durar mucho.
Pero como me gusta escucharla cantar.
viernes, 6 de junio de 2008
por esos momentos
Gracias a eso
Que no puedo decir
Todas estas horas
No son papeles sueltos
Un instante anónimo
Que vino a superar mi viejo absoluto
Y se marchó sin olvidar en mi bolsillo
Ninguna credencial con su nombre
Fueron todas las caras
Sin nadie
La sorpresa ante el destino
De mi voto hacia el minuto que llega pero se hace
Voluntad de una rama
Que espera sin quejas
Mientras pasan las muertes
Y pasan las 4
El viento que toca
Que aprieta el hombro, las mejillas
La pierna izquierda
Y no está claro si es para quererte, o despertarte
O reprimirte
La suspensión
De una moral que enjuicia lo siendo
Y se entrega al vacío
De la plena novedad
El cielo
Que deja de ser cielo
Para ser pintura o techo
Para buscar la escalera
La gente
Que deja de ser gente
Para ser gesto, accidente
Sonrisa
Que se pueden coleccionar
Todo el egoísmo
Concentrado en mí
Robó mi atención
Y puede olvidarme
Mientras el mundo
Seguía envejeciendo
Y nunca se dio cuenta
Que empecé a mirarlo con ternura.
Que no puedo decir
Todas estas horas
No son papeles sueltos
Un instante anónimo
Que vino a superar mi viejo absoluto
Y se marchó sin olvidar en mi bolsillo
Ninguna credencial con su nombre
Fueron todas las caras
Sin nadie
La sorpresa ante el destino
De mi voto hacia el minuto que llega pero se hace
Voluntad de una rama
Que espera sin quejas
Mientras pasan las muertes
Y pasan las 4
El viento que toca
Que aprieta el hombro, las mejillas
La pierna izquierda
Y no está claro si es para quererte, o despertarte
O reprimirte
La suspensión
De una moral que enjuicia lo siendo
Y se entrega al vacío
De la plena novedad
El cielo
Que deja de ser cielo
Para ser pintura o techo
Para buscar la escalera
La gente
Que deja de ser gente
Para ser gesto, accidente
Sonrisa
Que se pueden coleccionar
Todo el egoísmo
Concentrado en mí
Robó mi atención
Y puede olvidarme
Mientras el mundo
Seguía envejeciendo
Y nunca se dio cuenta
Que empecé a mirarlo con ternura.
martes, 27 de mayo de 2008
misterio en el no tiempo
En el no tiempo está sentado un niño, que por falta de experiencias sabe más que todos. Con la intención pura y la franqueza del que intuye sin placebos, fue sentado en una silla con bolsas marrones para que se distraiga. El juego no requería mucho, ir llenando los sacos con formatos compatibles.
Al principio le resultó fácil, los feos con los feos, los cuerdos con los cuerdos, los sabios con los sabios… cuando acabó con todo se juzgó feliz y satisfecho, hasta que sintió la primera guerra. Que sorpresa fue escuchar el grito de los prudentes revolcándose, incluso los mansos parecían aporrearse dentro de su bolsa, los cultos comenzaron con formal parloteo y acabaron a rasguños y palabras malditas.
Aturdido por la falta de eficiencia, pensó haberse equivocado, que tal vez tomó por loco a un melancólico, por idiota a un imprudente, por imprudente a un honesto, por honesto al cruel, por el cruel a un loco… por otro loco a un soberbio, por un soberbio al inseguro, por inseguro a un genio, por el genio a un farsante, por farsante al crédulo, por crédulo al feliz, por feliz a un tonto.
Buscó el error en sus actos, y ya nada era tan claro. Confundido, y temiendo castigo por su fracasada tarea, rápidamente desató todos los morrales, y probó infinitas combinaciones, siempre con el mismo resultado. Cada nuevo catálogo resultaba una travesía de polémicas; como todo perro es hermoso, cualquier hombre es bueno, pensaba, y hasta el asesino tenía un fiel que le gritaba te quiero, el mayor de los correctos guardaba un enemigo, y dos solos juntos se daban de la mano
Incluso en el no tiempo podía percibirse que fue largo el rato en ese rompecabezas. Ya gastadas estaban las manos del niño de tanto atar y desatar los sacos, el juego ya no era entretenido, y el andar de sus acciones había agotado cualquier huella de razón, para seguir una movilidad mecánica, pero sin patrones.
Al principio le resultó fácil, los feos con los feos, los cuerdos con los cuerdos, los sabios con los sabios… cuando acabó con todo se juzgó feliz y satisfecho, hasta que sintió la primera guerra. Que sorpresa fue escuchar el grito de los prudentes revolcándose, incluso los mansos parecían aporrearse dentro de su bolsa, los cultos comenzaron con formal parloteo y acabaron a rasguños y palabras malditas.
Aturdido por la falta de eficiencia, pensó haberse equivocado, que tal vez tomó por loco a un melancólico, por idiota a un imprudente, por imprudente a un honesto, por honesto al cruel, por el cruel a un loco… por otro loco a un soberbio, por un soberbio al inseguro, por inseguro a un genio, por el genio a un farsante, por farsante al crédulo, por crédulo al feliz, por feliz a un tonto.
Buscó el error en sus actos, y ya nada era tan claro. Confundido, y temiendo castigo por su fracasada tarea, rápidamente desató todos los morrales, y probó infinitas combinaciones, siempre con el mismo resultado. Cada nuevo catálogo resultaba una travesía de polémicas; como todo perro es hermoso, cualquier hombre es bueno, pensaba, y hasta el asesino tenía un fiel que le gritaba te quiero, el mayor de los correctos guardaba un enemigo, y dos solos juntos se daban de la mano
Incluso en el no tiempo podía percibirse que fue largo el rato en ese rompecabezas. Ya gastadas estaban las manos del niño de tanto atar y desatar los sacos, el juego ya no era entretenido, y el andar de sus acciones había agotado cualquier huella de razón, para seguir una movilidad mecánica, pero sin patrones.
Probando, probando diversas combinaciones a ese punto azarosas.
Entonces sucedió, con la fuerza de lo inesperado, ganó el silencio. Lo había conseguido, millares de bolsas en armonía, como pactos internos que desplegaban un conjunto de aire sin densidad. Intentó recordar la fórmula, distinguir los componentes de cada morral, descubrir la exacta medida de aquellos surtidos congruentes. No pudo.
Entonces sucedió, con la fuerza de lo inesperado, ganó el silencio. Lo había conseguido, millares de bolsas en armonía, como pactos internos que desplegaban un conjunto de aire sin densidad. Intentó recordar la fórmula, distinguir los componentes de cada morral, descubrir la exacta medida de aquellos surtidos congruentes. No pudo.
Decidió entonces aceptar la suerte de los hombres.
A fin de cuentas, rodeándolo, solo había sacos marrones. Y desde allí, eran todos iguales.
A fin de cuentas, rodeándolo, solo había sacos marrones. Y desde allí, eran todos iguales.
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